#LaNotaBienTemperada: Sirenas a la luz de la Luna

[Antes de atender la lectura, escuche la pieza cuantas veces requiera para sentirla y apreciarla]

~Sirenas a la luz de la Luna~

Mi estimado lector,


Creo que no puedo recordar muchas historias que me hayan contado a temprana edad. En todo caso, tengo presentes las ilustraciones de ciertos libros de dinosaurios, del Antiguo Egipto, algunos libros de oceanografía y algunas revistas de National Geographic de mi abuelo, mas no muchos cuentos. Ahora me pregunto si en algo hubiera cambiado haber escuchado relatos fantásticos o cuentos de índoles diferentes.


Tan sólo puedo recordar un libro de cuentos que tenía, no le mentiré, no tengo por seguro el título del mismo, era algo como Cuéntame un cuento, cuya portada era un collage con ilustraciones de los diferentes cuentos que incluía. Créame, de ser posible lo buscaría, sin embargo, me encuentro en circunstancias poco favorables para emprender la búsqueda. Aclaro, tenía ese libro, y eso no implica que haya tenido edad suficiente para leerlo. Sospecho que tendría entre cuatro y cinco años cuando recibí ese libro. Gracias a las ilustraciones fui capaz de guardar en mi corazón uno de esos relatos.

Le pido de favor se abstenga de preguntar por qué era este mi cuento favorito. No podría darle una respuesta. Sólo lo recuerdo así, como el cuento que más me gustaba de ese libro. La historia era de una niña vendedora de cerillos, imagino que le suena familiar. Durante un cierto invierno, había en la calle una pequeña niña vendiendo cajas de cerrillos, lamentablemente nadie se los compraba. Ya siendo de noche, la niña se acomoda debajo de un puente y prende un cerillo para calentarse y conciliar el sueño. Las últimas ilustraciones son: la consumación del cerrillo y una mujer mayor que abraza a la niña. Sin importar si era yo capaz de leer o no a la edad que tuve ese libro, de alguna manera me fue evidente comprender que el cerillo no es lo único que tiene fin debajo del puente en esa helada noche.


Tampoco le mentiré en esto, confieso que gracias a ese cuento, desde mi temprana edad me da tristeza ver el consumir de un cerillo. Hasta hoy, en caso de ver un cerillo que empieza a consumirse por la mitad, prefiero prender uno nuevo. No puedo tolerar que un cerillo se consuman frente a mi vista. Tampoco puedo explicarle cómo es que alguien tan joven puede tener gusto por sentir tristeza, porque eso es lo que me evocaba el cuento, y, sin impedimento alguno, era mi favorito. Algo contradictorio, lo sé; me puedo acercar al cuento, pero no a un cerillo real. Hoy, recuerdo con nostalgia ese cuento y surge en mi una imperante necesidad de buscarlo y re-experimentarlo.

A usted, ¿qué clase de cuentos le contaron? Cierto amigo dice que contar cuentos es de las cosas más hermosas, pues, es un gesto de amor ¿Cómo es eso? Parece que, para él, el que alguien direccione tu atención a una narración y, sutilmente, te encamine a imaginar, es un acto de amor. Como si aquello que te relatase fuere una luz que aviva el corazón y el alma.


Más allá de pensar que hay una relevancia pedagógica en contar un cuento. Éste, como muchos otros recursos, también generan en nosotros anclas a partir de las cuales vamos atando sentimientos y conocimientos del mundo. Y me refiero, no sólo de niños. Sostengo que a cualquier edad es posible que nosotros abramos nuestro corazón a una lectura y dejemos que el imaginario sea libre de dibujar escenas, diseñar ideas y sentimientos. Como quien busca un vestido a su medida. La mente toma un modelo y empieza a confeccionar con diferentes materiales, texturas, detalles, a veces ponemos caras y voces para tener una mejor experiencia del relato.

Si existe algún ser con talento narrativo, se dice que esas serían las sirenas. Por las noches, ellas salen a la superficie y se expresan con distintas maneras a la Luna, a veces ellas cantan, a veces sólo basta con contemplarla, pero se dice que también cuentan cuentos ¿Cuáles cuentos? Los de las vidas de los seres humanos ¡Uy! Bueno, la idea es un tanto romántica. Si le ponemos un poquito de realidad (lo cual no implica necesariamente quitar la existencia de las sirenas), desde luego que esto sería más a un divertido chismógrafo.


Suponiendo que nos quedamos con una idea mágica de las sirenas, cuando ellas recitan o cantan nuestros cuentos, su destreza es sutil y fina. Ellas conocen las diferentes texturas que tiene la vida de cada ser humano, a veces lisas, a veces corrugadas. A veces la tela es larga, otras no tanto. A veces la privilegiada tela nace siendo terciopelo, pero también hay poliéster y retazos.


¿Cuál es su cuento? ...


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