#LaNotaBienTemperada: Obertura






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~Obertura~


Querido lector,


Os saludo con enorme agrado y gratitud, es mi beneplácito inaugurar esta serie de notas con su lectura. Quisiera enfatizar mi gratitud, pues, de otra manera, éstas habrían tenido un destino muy diferente… lo más probable es que fueren inexistentes. Quiero decir, tal vez muchas de las reflexiones que se plasmarán en este espacio, ni siquiera habrían tenido oportunidad de existir. Y las ya existentes, bien fuera que por cobardía o inseguridad, habrían permanecido en el silencio y en la oscuridad, como ideas vagabundas, sin rumbo ni destino claro.


Pero…detengámonos un poco que, no todo lo que manca de rumbo, carece de sentido. Por señalar un ejemplo; siempre he pensado que las nubes son de las cosas más fascinantes del mundo, y bueno, si me permite seguir el juego, aseveraré que éstas no tienen rumbo, mas, no por ello su existencia se ve privada de tener un sentido. Ahora, lo invito a que observe constantemente las nubes, y cada vez que lo haga, recuerde lo siguiente; las nubes son una ilusión óptica ¿Que de dónde me he inventado esto? Calme, calme. Insisto, vea bien las nubes. Pronto podrá darse cuenta que la capacidad visual no es suficiente para definir el objeto de contemplación. Éste presenta muchas dificultades para su observación y estudio. Empecemos por señalar lo dificultoso que es identificar las partes de la nube que estamos observando: ¿Es un costado? ¿Es su parte inferior? ¿Es plana o voluminosa? ¿Qué grosor tendrá? Son ilusiones que no nos permiten tener certeza de ellas, aunado a que son inestables. Es que, a veces se nos presentan abultadas y esponjosas, pero otras, su presencia es como una manta blanquezca, que da la impresión de estar descuidadamente embarrada sobre la bóveda celeste.


¿Alguna vez ha intentado pintar nubes? Le adelanto, es ridículamente difícil. Es prácticamente imposible captar una escena específica y expresarla con exactitud, porque, al primer parpadeo, la nube ya habrá sufrido cambios; su forma, sus colores y sobras ¡Es algo frustrante! Bueno, a propósito, ¿no le parece que los colores y las sobras que se dibujan en las nubes son hipnóticos? Cambian con una sutileza que no permite advertir su cambio cuadro por cuadro.



En conclusión, la temática de las nubes es complicada, no hay manera de volver a ver una misma nube de la misma manera. Sería inasequible pretender establecer algo como un calendario a partir de ellas. No habría manera de reconocer patrones estables como los puede tener un calendario solar o lunar. No, en las nubes no hay repetición. ¿No cree que, en comparación con la luna o las estrellas, las nubes están infravaloradas? Confesaré que gusto más de las nubes a partir de la algo que leí en Peter Camenzid de Hermann Hesse, le compartiré tan sólo un fragmento:


<<¡Mostradme un solo hombre que conozca mejor las nubes y las ame más que yo! ¡O indicadme en este mundo algo que sea más hermoso que ellas! Son recreo y consuelo de la vista, bendición y regalo de Dios. Son blandas y tranquilas como las almas de los recién nacidos; son bellas, poderosas y espléndidas como ángeles buenos. Y algunas veces pueden también transformarse y volverse oscuras, amenazadoras y crueles, como unas mensajeras de la muerte. […] Están suspendidas entre el cielo divino y la mísera tierra, como ejemplo hermoso de todas las ansias y todos los anhelos de los hombres. Y así como ellas están suspendidas, tímidamente y anhelantes, entre cielo y tierra, penden asimismo, anhelantes y tímidas, entre tiempo y eternidad, las almas humanas ¡Oh, nubes las nubes hermosas y eternamente cambiantes!>>[1]


¡Las nubes y los hombres tienen tantas cualidades en común! Cambiantes…Y es que, no necesitamos mudar de religión, ideal político o postura de pensamiento para decir que somos seres en constante cambio. Basta con oler y probar un café para cambiar nuestra atención en algo que nos genere agrado. O, quizás sea suficiente con cambiar nuestro atuendo para sentirnos más cómodos, o molestarnos al escuchar los ronquidos de alguien. Cosas más sencillas y contiguas a nosotros ¿Me explico?


Es decir, hay pequeñas cosas que nos hacen estar cambiando. El mundo nos afecta de muchísimas formas, y nosotros reaccionamos voluntaria e involuntariamente. Estimado lector, piense en los cambios en un sentido muy amplio: desde motivos familiares como lo sensorial, como nuestro entorno vecino y el lejano. Como sea, aunque haya cosas muy lejanas que nos afectan y no queden a nuestra vista, existen. Todo ese conjunto de componentes, propicia que, como las nubes, tengamos diferentes formas y estados: a veces podemos estar descansando en el aire, suaves, templados, calmados, pero también podemos volvernos tempestuosos, amenazadores y crueles.


Así como las nubes están suspendidas en el cielo, nosotros estamos suspendidos en la existencia, en un mundo supeditado al inevitable cambio. Por momentos, tenemos oportunidad de advertir los cambios, pero otros, no. Eso puede ocasionar que sintamos que el cambio nos sobrepasa. Ahora bien, puede que no siempre tengamos la oportunidad de ver la causa del cambio con antelación, empero, hay tiempos en los que somos conscientes, dueños del momento, y con la certeza para poder elegir. Sin embargo, hay ocasiones en las que podemos ver esa oportunidad y elegir no disponer de nuestra libertad (más que no usándola). Mi leyente, le pregunto; ¿por qué es tan difícil elegir?... Pienso a veces que es porque, como las nubes, nunca volvemos a estar en la existencia de la misma manera. No vuelve a repetirse un escenario exacto. Eso, diría Kierkegaard, es parte de la angustia. Parece que nunca podemos saber si hemos tomado la mejor de las decisiones.


Siguiendo un poco al estoicismo; los eventos que sucedan en nuestro entorno, están fuera de nuestro margen de gobierno. No podemos controlar el curso de la Naturaleza, como la salida del sol. Estamos rodeados de elementos físicos e ideológicos que no podemos cambiar, pero a nosotros nos afectan. Mas, no demos una lectura fatalista a ello. Estudiar la Naturaleza puede traer conocimientos para nuestros beneficios, como el estudio de las plantas y los conocimientos medicinales, o la astronomía y los conocimientos de navales o de cultivos.


¿A dónde quiero llegar? En nuestra existencia se presentan situaciones que pueden ser favorables para nosotros ¿Qué sería esto? Pues conocer aquello que no depende de nosotros y lo que sí ¿Para qué? Pienso, y permítame esa licencia, que lo hacemos para estar lo mejor posible. Me evito decir que es para ser felices, porque ese me parece un fin más efímero. Pero la ἀταραξία (ataraxia), como tranquilidad o imperturbabilidad del alma, se me antoja más.


Quiero decir, tal vez no podamos conocer las causas de las cosas que nos afectan, pero si podemos tener a nuestro alcance conocimientos auxiliares para sobrellevar aquello que no depende de nosotros, y que siempre van a estar presentes. Así mismo, sería fortuito tener las herramientas para aprovechar aquellos momentos en los que, lúcidos de nuestra libertad, no temamos en actuar. O, hacerlo a pesar de tenerlo.


Le pregunto, ¿cómo cuida usted de su alma? ¿Cómo busca temperarla cuando es necesario? ¿Qué hace cuando su alma siente que algo lo está sobrepasando? O, ¿Cómo explica su sentir cuando algo lo afecta de manera tan profunda que le hace reconocer coordenadas que no conocía de su alma? Conocer el alma o las afecciones que puede tener el hombre, es igual de complejo que pretender pintar una nube. El hombre confronta situaciones y adversidades que lo hacen sentir limitante, insuficiente, impotente y sofocado. Desde luego que ver las nubes me puede traer algo de clama, me mantiene entretenida un buen rato, pero no alcanza a temperarme lo suficiente. Si pudiera hablar con Hermann Hesse, le diría que existe algo que es también algo intermedio entre el cielo y la tierra, y que es más hermosos que las nubes, eso sería; la música.




Aunque tiene ya mucho tiempo que tengo interés en la música, llevo muy poco tiempo desde que me he sometido a examinar mi pensamiento musical. Con otras palabras, a reflexionar mis experiencias musicales y mi concepción de lo qué es la música, su importancia y su variedad. Entre los autores que me inspiraron a llevar a cabo esta labor, Hildegard Von Bingen ocupa un lugar importante. Recurriré a resumir algunos aspectos de una epístola que Hildegard Von Bingen redacta a Los Prelados de Mainz: en esa carta, la abadesa exige que no se imponga, a ella y su comunidad, la prohibición de los cantos de alabanza. La justificación es que la música tiene un papel de suma importancia para el hombre. Exploremos un poco.


Hildegard cita lo que la Luz Viviente (una voz en sus experiencias místicas) le dice, y ésta explica que la voz de Adán, antes de la expulsión del Paraíso, se mezclaba con la de los ángeles. Después de la expulsión, ese sonido angelical se perdió, y el conocimiento que tenía antes del pecado, quedó dormido. Sin embargo, La Luz Viviente aclara que aquellos conocimientos se pueden despertar. Pone de manifiesto que, algunas personas son inspiradas por lo divino para componer música o crear instrumentos musicales, y gracias a estos medios, el alma del hombre es capaz de recordar el goce que Adán disfrutó en compañía de los ángeles, y así, despertar ese conocimiento dormido tras la caída.


De modo que, la música será el medio otorgado por lo divino para que el hombre tenga la posibilidad y capacidad de despertar los conocimientos dormidos y pueda volver a su lugar de origen. Hildegard Von Bingen no será la única en manifestar que la música es algo divino o que nos religa con lo divino. Pero ya habrá tiempo de hablar de esos otros autores, sean estos filósofos, músicos, musicólogos, poetas o viejos amigos.


La música también se parece a las nubes, ambas tienen un lugar entre el cielo y la tierra. Dentro de mis reflexiones, me he propuesto examinar esas cualidades mundanas y divinas de la música. Por ahora, sólo diré que, la música estudiada como divina o mundana, brinda conocimientos que benefician al hombre. Cuando al hombre le sobrepasa un cambio, puede temperarse con música. Cuando algo nos afecta y sobrepasa nuestras palabras, encontramos identificación en la música. Así las nubes son cambiantes, así el hombre lo es inevitablemente…Y cuando parece que no hay remedio, puede llegar la reflexión y la música como una enmienda para los diferentes acontecimientos y afectos.


Querido lector, no pienso cuestionar su concepción de lo religioso o divino, le pido me deje expresarme en un vasto sentido. Yo pienso que por medio de la música nos podemos acercarnos a lo divino, y también a un ejercicio de reflexión y auto-examinación, esto es, el conocimiento de las afecciones. Tarea que, francamente, no es nada sencilla. Éstas pueden ser inconsistentes, amorfas y confusas. No diremos que es como una ilusión óptica, más oportuno, podría ser una ilusión afectiva, si me permite el uso del término. La cuestión es que, si queremos aprender a temperar el alma, hay que conocerla lo más posible. Se debe hacer un despliegue de las mismas, tal como lo pretende poner en práctica Johann Sebastian Bach con su Clave Bien Temperado. Hemos de vivirlas y reflexionarlas, practicarlas y dominarlas.


La música proporciona saberes de gran valor para el hombre; tiene la capacidad de recorrer y hacernos reconocer las fibras más sensibles del alma. Puede hacernos fuertes, para que cuando un viento fuerte nos llegue, no nos azote por sorprenda, y nos estemos ahoguemos frente a la incapacidad de identificar qué sentimos y qué hacer. O, cuando no hallemos vadeando, cansados, sin palabras y los acontecimientos del mundo nos parezcan irracionales y azarosos, entonces…con la música, tendremos un paradero seguro.

Claro, y así como las nubes, los cambios vienen. Simplemente es así, sin rumbo aparente, pero no carentes de sentido. Lector, también le anticipo que, para el hombre, tener un sentido implica hacer un ejercicio de constante reflexión. Pues, no siempre es evidente la causa, y a nosotros nos arrojan al mundo con un rumbo de sentido poco palpable. Mucho menos, si somos llevados por el viento, como las nubes, a mucha velocidad, a lugares desconocidos e inesperados, y nos encontramos ahí…cambiando…cambiantes…suspendidos en la existencia. Las rutas por las cuales cursamos pueden ser una calamidad o una enorme felicidad, y como estamos en medio del cielo y la tierra, parece que los recursos verbales de la tierra no son suficientes para comprender ni expresar algunas vivencias, se vuelven inefables, indecibles e impronunciables. Para ello usaremos el lenguaje divino que nos puede auxiliar a reflexionar y aterrizar aquellas experiencias.


Al final, y al margen de nuestra reflexión, la música tiene tantos matices como formas de nubes. Y nosotros, por medio de la música podemos aprender a temperarnos mejor y disfrutar nuestra condición nube: suspendidos en la existencia, cambiantes… a veces sin rumbo, danzantes, fugaces, a punto del diluvio, con diferentes tonalidades, irrepetibles. Pero, sobre todo, con consciencia de una realidad terrena, y a veces, cuando recordamos…también de una celeste.




[1]Hesse, Hermann. 1953. Peter Camenzid. Barcelona: Imprenta Clarasó. Pág. 42.



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