#LaNotaBienTemperada: Fuga No. 02 En Do menor

[Antes de atender la lectura, escuche la pieza cuantas veces requiera para sentirla conexión con la afección correspondiente a la reflexión]


~Fuga No.2 en Do menor~


[Reflexión en torno a la declaración de amor y al mismo tiempo lamento por amar, anhelos, suspiros del alma enferma de amor]


Mi apacible lector,


¿Recuerda usted la última vez que se sintió con la incertidumbre de saber si sus sentimientos eran correspondidos? Todos hemos estado en ese lugar llamado incertidumbre. Le confieso que yo he sido esa persona que juega con los pétalos de una flor al me quiere, no me quiere o le gusto, no le gusto ¡Ya sé! ¡Cuán infantil! Mas, no creo que haya persona sobre la tierra que no haya querido obtener de manera indirecta la certeza de la oportunidad de estar con la persona que nos gusta o queremos. Preguntar directamente si hay alguna posibilidad, puede ser espeluznante. Incluso, admito que la última vez que busqué descifrar y expresarme en una situación de dicha índole, torpemente, me encubrí manifestando la inquietud por contar un secreto. Ese secreto se reveló sin palabras.


Parece un notorio denominador la búsqueda por la certeza antes de actuar. Este un fenómeno más general de lo que sospechamos, tanto como señala Roberto R, Aramayo en Schopenhauer: la lucidez del pesimismo:

<<consta que desde siempre y por doquier la humanidad ha venido escudriñando los astros, además de consultar oráculos o estudiar el vuelo de las aves, sin dejar de practicar la quiromancia y la cartomancia. Poetas, historiadores, filósofos, dramaturgos y un largo etcétera, hasta llegar a lo más importante, el individuo vulgar y corriente, ha interpretado augurios o se ha dejado llevar por pensamientos y presagios. En todas las épocas, el hombre se ha mostrado interesado por columbrar los guiños del destino e intentar desentrañar lo que éste le tiene reservado, adivinar aquello que se halla escrito en el retablo del porvenir[1]>>


De tal suerte que, la preocupación por los designios del destino, han sido históricamente latentes. Algo como… una necesidad de sentir seguridad y evitar un mal azaroso, o tener alguna justificación para ese mal. Y, como subproblema de los designios divinos o del curso de la fortuna, tenemos al impaciente amor.


<<Palabras de amor las había pronunciado el hombre desde el antiguo, y después del cristianismo las dirá con nuevos acentos. Esto significa que también el amor es histórico, y que los cambios de sentido del logos y del eros son indicaciones inequívocas de hondas transformaciones en el ser humano. El amor se siente: es un sentimiento. Por esto entendemos que es pasivo, y lo llamamos pasión. Pero además es activo, y por esto hablamos de hacer el amor: eros es póiesis. La intervención del logos cambia la situación. El hombre ya no es sólo pasión y amor, sino dicción, y por eso hablamos de una declaración de amor. Es un ser diferente el sujeto de ese amor declarado; es una palabra distinta la que puede integrarse, como componente esencial, en la experiencia erótica[2]>>

Tanto el destino, como el amor, han sido preocupaciones y ocupaciones en la historia de la humanidad. Y tal como le sugería al principio, a veces se envuelven en una misma interrogante… ¿Me quiere o no me quiere? ¿Y si le digo? ¿y si…? Aunque las formas de pensar el amor han cambiado, éste no ha dejado de ser un problema ante el cual gustemos de sentir certeza antes de desnudar nuestra alma. Por otro lado, pienso que la música, así como la poesía son testimonios que nos pueden permitir entrever que, pese a las distancias temporales con los artistas, es posible conectar con sus obras y sentir una catarsis. Con otras palabras, el poder identificar un sentimiento o pasión por medio de algo que contemplamos visual o auditivamente, y al momento de hacerlo, liberamos ese sentir. Dirían los antiguos griegos, es una forma de purificar nuestras pasiones. Verbigracia, un poema de la poetisa de Lesbos, Safo (Mitilene, Lesbos, ca. 650/610-Léucade, 580 a. C.):