#LaNotaBienTemperada: Fuga No.01 en Do Mayor

[Antes de atender la lectura, escuche la pieza cuantas veces requiera para sentir la conexión con la afección correspondiente a la reflexión]


~Fuga No.1 en Do Mayor~

[Reflexión en torno a lo puro, inocente, simple, sencillo y el habla de los niños]


Querido lector,


¡Qué gusto tenerlo de nuevo por estos rumbos sin rumbo! Sin más preludios, esta vez le doy la bienvenida con una pregunta que una sabia maestra nos arrojó como apertura en una clase de Epistemología: ¿Por qué Pinocho no es un niño de verdad? … ¿A qué nos referimos con de verdad? Se me ocurren dos opciones; la primera, y tal vez más intuitiva, es que esa verdad apela a una alusión general de real. Ya que conocemos la historia, esto tiene sentido porque su condición material no es humana, es de madera. La cualidad de lo material es lo que no termina por darle realidad a su ser. Desde luego, esto tiene sentido si tomamos literalmente el nombre Pinocho. En su idioma original (italiano); Pinocchio, éste se divide en dos: pino: pino, que queda igual en castellano, y occhio: ojo. Es decir, ojo(s) de pino. Ajustémoslo un poco… mirada de pino.


Ya sé, ya sé, se estará preguntando ¿Y qué "pitufos" tiene que ver la mirada de pino con la verdad? Precisamente que, no es de verdad porque es una mirada de pino, o sea, una mirada que no es humana. Solo una mirada humana es verdadera. Ahora, la segunda alternativa es pensar que el personaje no es considerado de verdad en tanto que no dice la verdad, es decir, que miente. Mas, no es el único a prestar atención, con más cautela y aproximación, veremos que no sólo no dice la verdad, sino que, tampoco actúa ni cumple conforme a la verdad. Esta segunda consideración queda en evidencia en el desarrollo de la novela, pues, cuando Pinocho empieza a actuar de acuerdo a las virtudes y a lo verdadero, parece que gana su humanidad, se vuelve un niño de verdad, pues ya ha visto las cosas desde los ojos falsos de madera y ha aprendido a ver diferente, su mirada se ha vuelto humana.


¿Es usted una persona de verdad? Todos llegamos a este mundo siendo de madera, con una mirada que debe irse formando y transformando. Hemos de preguntarnos ¿realmente los niños son puros, existe algo así? Pues, podríamos meditar que, en realidad, la pureza es algo que se va puliendo. Como si lo puro fuera el carácter que nuestra alma conquista con sus virtudes. Hablamos entonces de un proceso de transformación. Una transformación de la forma y la materia; una forma indefinida y la materia que es madera. La forma que demos, se verá reflejada en la materia. Pero lo importante es la forma, que en parte va a ir tomando influencias del mundo en el que vivimos, ésta primera aportación no es definitiva, pues, la otra parte es constituida por nuestras decisiones. Lo cierto es que, aunque todos nazcamos con la posibilidad de dar forma a la madera, no todos alcanzan a ganan su humanidad.


Decíamos, cuando somos infantes y niños, se abre ante nosotros un diálogo con el mundo, en el que primero somos oyentes de lo que el mundo nos dice, sin embargo, llega un momento en el cual tomamos la palabra, sea porque nos obligan o porque en nosotros surge la necesidad de tomarla. Desde que empezamos a existir, la vida se va volviendo más compleja, y por lo tanto, el diálogo que mantenemos con el mundo y las demás personas.


El diálogo inicia con un Preludio. En música, este tipo de composición que tiene una función introductoria. Mi apacible lector, lo invito a que volvamos a escuchar el Preludio No. 1 en Do Mayor de J.S. Bach, y luego, recordemos y sintamos la simpleza, la inocencia, lo sencillo. Al inicio de la pieza éste es muy brillante, y a pesar de que en general es una pieza centellante, poco a poco se va apagando. De acuerdo con el Clave Bien Temperado de J.S. Bach, a cada una de las 24 tonalidades les asignará un preludio y una fuga. Ya que escuchamos el Preludio, esta pieza le sigue una Fuga en la misma tonalidad. A diferencia de un Preludio, la Fuga es una composición musical más compleja. Hablemos un poco de esas dinámicas; se dice, que una fuga comienza con una exposición de un primer tema, es la participación de una primera voz. Cuando decimos voz, no nos referimos necesariamente a una voz humana, puede ser cualquier instrumento. Digamos, es el primer sonido musical que entra en la pieza. Y, siendo más específicos, en las fugas, a esta primera voz se le llama sujeto.

Las dinámicas que siguen en la fuga son respuestas al sujeto. Las respuestas son dadas por una segunda, tercera o más voces. A esta dinámica la llamamos contrapunto, es decir; el contraste que se produce entre dos cosas que suceden simultáneamente o que se hallan juntas. Algunas de las cualidades que podemos percibir en las fugas: un sentido de repetición o imitación, alteraciones en torno al sujeto (tema musical principal), tensiones, dinamismo, e incluso algo como una persecución al sujeto. Sé que esto puede parecer un poco técnico, le sugiero vuelva a escuchar la Fuga correspondiente a esta reflexión para que ahora trate de identificar estos elementos.


Ya que hemos escuchado el Preludio No.1 y la Fuga No.1 en Do Mayor, continuemos nuestra reflexión acerca de las afecciones que se le asignan a la tonalidad de Do Mayor; inocencia, sencillez, lo simple y el habla de los niños. El periodo de Preludio de la niñez, dura muy poco, y pronto, con presencia intempestiva, somos embarcados al conocimiento del mundo y con él, viene también un auto-descubrimiento; una fase de individuación. Nos damos cuenta que no sólo hay un yo de forma indefinida y adherido al mundo, sino que hay límites. Avanzamos al reconocimiento y conocimiento de lo otro, con el cual tal vez podamos dialogar o tal vez no. Explorando lo otro y sus límites, algunos son accesibles para nosotros, empero, también advertimos dominios con censuras.


Todos esos otros, son como las otras voces en una Fuga. Primero estamos nosotros oyendo Preludio, el monólogo del mundo (y nosotros siendo con el mundo), y al instante empieza la Fuga… muy tranquila, juguetona y alegre, pero otras voces empiezan a integrarse. Nos damos cuenta que no estamos solos. Esas otras voces interactuar conmigo, como apenas estamos conociendo el mundo, parece que lo intuitivo es sentir una tensión que nos obliga a tomar una dirección. Empieza el juego del contrapunto.


Y ahí vamos, cada quién como sujeto en una fuga, tratando de responder a las dinámicas de las otras voces. Ahora, es un juego y hay reglas. La música tiene muchas de ellas, pero al final, busca que sean soluciones concordantes y armónica. La idea es que se va a buscar resolver desde el lenguaje y sus respectivas reglas. Y la Fuga, estará también buscando respetar esas reglas desde el lenguaje musical, así como también buscará cumplir con su función de estructura de composición musical, pues no es una sonata, ni canon, ni gavota. Es una Fuga.

La vida humana puede ser como una Fuga, siempre y cuando estemos buscando soluciones armónicas a nuestros contrapuntos. De otra manera no sería ni Fuga, ni pieza, ni melodía, ni música… sería ruido atiborrado de sonidos diferentes. Las Fugas van a estar buscando respuestas armónicas. Esa búsqueda de respuesta armónica, podría ser para nosotros algo así como nuestro Grillo Parlante (Pepito Grillo); la consciencia que nos hace cuestionar y deliberar las decisiones que tomamos, y claro, para que éstas sean las más consonantes y armoniosas.


Cada Fuga tiene una duración diferente, y mientras busquemos ser como la música, hemos de procurar esa musicalidad hasta que la pieza termine. Si usted, mi estimado lector me pregunta; ¿Cuántas respuestas debe dar el sujeto para convertirse en un hombre/persona de verdad? Formulado de otra manera, estaríamos cuestionando, ¿cuánto debo hacer para ganarme mi humanidad? No hay una respuesta completa, cada Fuga, cada vida humana, tiene sus diferentes voces y contrapuntos y duración. Es decir, cada proceso de humanización es diferente. Y no olvidemos que el último compás también llega, y tampoco demos por hecho que su extensión forzosamente ha de ser larga.


Sepamos que, dentro de las situaciones contrapuntísticas de nuestra vida, habrá algunas con más tensiones que otras. El diálogo con el mundo comprende respuestas interválicas sencillas y complicadas. En la narrativa de Carlo Collodi, Las aventuras de Pinocho, creería que uno tema inevitable es el sufrimiento y su confrontación. Pinocho aprende a reconocer la miseria, la crueldad, la soberbia, la mentira, los vanos placeres.

Es natural no saber responder antes escenarios adversos, y por eso el niño llora. El hecho de hacer conciencia implica dolor. Habrá situaciones en las que el entorno nos altere, o no podamos comprender el ritmo y dinamismo del mundo. A veces, mi querido lector, no sabremos responder.


Lloramos cuando no entendemos, pero también cuando nos damos cuenta. <<Cuando el muerto llora, es señal de que está en vías de curarse- dijo solamente el Cuervo>>[1]. Diríamos, trilladamente, a veces necesitamos tocar fondo. En ciertas circunstancias parece fortuito experimentar tensiones muy intensas para decidir, o para elegir algo diferente y cambiar el rumbo. Ejemplo de ello también se expone en la novela de Collodi, cuando Pinocho decide irse a la Isla de las diversiones, que es cuando le da la fiebre de asno. No es otra cosa que una distorsión de nuestro ser, en Pinocho la desfiguración empezó cuando le crecen orejas de asno, luego le sale una cola de asno, llega el punto donde físicamente no queda indicio de alguna figura o silueta humana. El cambio definitivo y más violento es cuando pierde el habla. Ahora Pinocho rebuznaba, signo de ser un animal.

Después de volverse un burro, es vendido a un circo donde lo entrenan para saltar los aros. Su desgracia no termina ahí, pues al lastimarse una pata, el dueño del circo decide venderlo. Para generar más tensión, es comprado por alguien que utilizaría sus pieles para hacer tambores. El procedimiento para hacer tambores con pieles de animales era crueldad y sencillo, primero hay que matar al animal; al Pinocho-burrito le atan a su pata una cuerda que del otro lado tiene amarrada una piedra pesada, para que ésta lleve al burrito al fondo de las aguas y éste se ahogue.


Las aventuras de Pinocho son más bien desventuras. Llegaría a decir que son hasta tragedias, pues, inclusive cuando ya hay consciencia de un final doloroso y pretende evitarse, éste se cumple. Entre las peores experiencias de Pinocho, perder el habla y rebuznar tiene un sentido más hondo del que queda a la simple vista. Cuando uno no es capaz de hablar, es signo de haber perdido la facultad de expresar, deliberar, elegir, pensar. Cualquier idea o pensamiento se ha ido, y con ella nuestro libre albedrío. ¿Qué sucede entonces? Cualquiera puede decidir sobre nosotros.


El reconocimiento de nuestras propias cualidades nos facilita responder al diálogo que tenemos con el mundo. Es algo como una intuición muy profunda de nosotros mismos. Tal vez eso sea la inocencia. Tal vez eso sea lo que llamamos actuar con el corazón. El habla llega después para ayudarnos a expresar lo que ya somos, a elegir y poner en marcha nuestras deliberaciones. Parte de nuestro ser nos dice que estamos, naturalmente, puestos para aprender. Habrá errores, mas no por ello dejamos de tener las cualidades para poder ganarnos nuestra humanidad.


Si bien no nacimos con pureza, nacemos hechos de madera, y con el libre albedrío de expresar nuestras respuestas a las otras voces que se manifiestan. Si elegimos que las tensiones de la Fuga marquen nuestro rumbo, poco a poco nos iremos alejando más de la posibilidad de ganar nuestra humanidad. Las otras voces opacarán nuestra voz hasta callarnos. Estimado lector, le vuelvo a preguntar ¿es usted un hombre de verdad? ¿Dónde y cómo está usted?: ¿Siendo entrenado para dar saltos en un circo? ¿En algún lugar idílico viviendo en el exceso hasta el desfigure de su ser? ¿Atado a una correa fingiendo ser un perro para ahuyentar a los ladrones? ¿Ahorcado en un árbol después de haber sido asaltado? ¿Siendo vendido a cualquier persona para que disponga de usted como le plazca, y matándolo de cualquier atroz manera?... ¿Ya vio dónde está?... ¿O es que no se había dado cuenta que había sido tragado por un monstruo?


<<-Quién es el que habla- Preguntó Pinocho sintiendo cómo se le helaba la sangre del espanto.

-¡Soy yo, un pobre Atún, tragado, junto a ti, por el Tiburón! ¿Y tú qué pez eres?

-Yo nada tengo que ver con los peces. Soy un muñeco.

-Si no eres un pez, ¿por qué te has dejado tragar por el monstruo?

-Yo no me he dejado tragar ¡Es él quien me ha tragado! Y ahora, ¿qué tenemos que hacer aquí en la oscuridad?

-Resignarnos y esperar a que el Tiburón nos haya digerido a los dos…

-Pero ¡yo no quiero ser digerido! – Gritó Pinocho, comenzando a llorar de nuevo. –

-Tampoco quisiera ser digerido […] Esta es mi opinión – replicó el Atún-, y las opiniones, como dicen los políticos atunes, ¡deben ser respetadas! - >>[2]


Estar atrapado dentro de un monstruo es una situación contrapuntística, no olvide que usted es el sujeto de Fuga, de su vida, y si no expresa su respuesta, puede que pronto pierda toda posibilidad de ganarse su humanidad. Talle su madera, delinee la forma que armónicamente desee ser, mas no olvide que alguna vez fue de madera. Le pido no pierda el recuerdo de su inocencia, ya que es lo que nos vuelve seres de error y crecimiento, es lo que de verdad nos hace humanos.




P.D. No olvide que la música nos ayuda a autoexaminarnos, conocernos y temperarnos.





[1]Collodi., C. 2011. Las aventuras de Pinocho. España: Ediciones Siruela. Pág. 70. [2]Collodi., C. 2011., Op. Cit. Pág. 160.

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