#LaNotaBienTemperada: Fuga No.04 en Do# menor

[Antes de atender la lectura, escuche la pieza cuantas veces requiera para sentirla con la afección correspondiente a la reflexión]

~Fuga No.04 en Do # menor~


[Reflexión en torno al lamento penitencial, conversación íntima con Dios, el amigo o el compañero de juego de toda la vida y el suspiro por el amor insatisfecho que es rodeado por la amistad]


Queridísimo lector,


Ahhh…[Suspiro] ¿Cómo le fue con su especulación en torno a la Historia de sus Calmidades? Me imagino que quedaron muchas preguntas al aire. Es perfectamente normal. Casi con certeza generalizaría que, cuando nos ocurre algo que interpretamos como malo proclamamos… ¿Por qué?... Y, tal vez como dice Terry Eagleton, de la misma manera que Job, más que una interrogante, sea un lamento[1]. Entre las inquietudes que pudieron surgir, llegan como estridentes olas consecutivas; ¿por qué o para qué me suceden a mí estas cosas?, ¿Qué o Quién causa(n) este mal?, ¡¿Qué es el mal?! Y, suponiendo que existiera un Dios, ¿por qué éste habría de permitirlo? ¿Acaso Dios es malvado? ¿O, es que Dios no puede evitar el mal? ¿Qué no era Dios omnipotente? ¿Habría manera de explicar la existencia del mal eximiendo de toda responsabilidad a Dios?

Bueno, bueno…paremos un poco. ‘Estas y más, son sólo algunas de las preguntas con las que podríamos abrir el telón. Por favor, no merezco ningún crédito, son tribulaciones casi tan antiguas como el sujeto que hace poco más de unos 33,000 años, cogió un trozo de colmillo de mamut y lo talló para esculpir una silueta humana con cabeza de bestia ¿Sabe qué? Hablemos de ese sujeto. Pensemos… ¿cuáles eran los temores de un hombre hace más de 30, 000 años? Evidentemente sus mayores temores distaban mucho de ser algo como la búsqueda de una jubilación, pagar adeudos en el banco o una cita médica en el servicio de salud público (de menos aplica para países latinoamericanos).

¡No! Ese hombre temía al mundo ¡Oh, tramposa aseveración! Ese hombre deambulante en el mundo, en algún momento fijó su atención en un pedazo de colmillo de mamut. Lo cogió porque le pareció curioso, y, decidió llevárselo ¿Cuánto tiempo estuvo cargando con él? Ni Dios sabe. Lo importante es que hizo algo con ese objeto que lo hizo especial. Luego de haberlo tomado, quizás, del suelo, tiempo indefinido después habría de tallarlo hasta obtener como resultado final un figurilla de 2.5 centímetro de alto, aproximadamente.


La dichosa figurilla erró por un rato junto a ese hombre que se afanaba en llevarla consigo. No sabemos si la tuvo consigo hasta el momento de su muerte, es probable que sí. Probablemente murió en búsqueda de refugio junto a su figurita. Cuando fue encontrada en la cueva Hohle Fel[2], ya estaba hecha pedazos, sin embargo, aquel sitió se convirtió en un nuevo e importante punto arqueológico con diferentes indicios de vida humana, lo cual también favoreció a darle una interpretación a la pieza. En 2002 el paleoantropólogo Nicholas Conrad y su equipo, cuidadosamente, reconstruyeron las piezas. El resultado de aquella labor fue sorprendente, pues, la pieza presentaba aspectos que podían identificarse, claramente, como humanos: las piernas, el dorso, los brazos y cuello, excepto la cabeza. Esa era de león[3]. Hoy, ese híbrido de hombre-león presentado en marfil se conoce como Hombre Léon de Hohlenstein.


¡¿Qué carambas hacía ese sujeto con la figurilla?! Matthew Kneale sostiene que hay una evidente connotación religiosa. Apetece preguntarnos, ¿por qué habría de haberle tallado la cabeza de león en lugar de humana? Porque tal vez eso es lo que se quería manifestar, algo que no es del todo humano. Según el mismo historiador, se trata de la imagen de un chamán en estado de trance[4]. Lo cuál permitiría abrir el un diálogo en torno a las creencias del homo sapiens.


</