#LaNotaBienTemperada: Dime que sí.


~Dime que sí~

[Reflexiones del hubiera y La Enfermedad Mortal]


Mi apacible lector,


En la vida hay sombras y fantasmas, ambos están presente como síntomas de la enfermedad mortal. Es cierto que ambas pueden evocarnos miedo, sin embargo, no hemos de confundirlas, pues, cuando aprendemos a identificar la sombra y dejamos de confundirla con fantasmas, el ejercicio consciente de cada cosa, nos permite avanzar mejor cuando desesperamos . La diferencia es que la sombra nace con nosotros, los fantasmas se adhieren a nosotros por temporadas o perpétuamente, pero no nacemos con ellos. Para diferenicar las sombras de los fantasmas, hemos de aprender a desesperar para no desesperar.


Espera, ¿qué?...


Recuerdo que hace un tiempo, una amiga me relató una simpática anécdota; ella estaba dando una clase de Lógica en preparatoria y pidió a sus alumnos mencionar algo que no existiera, algunos de ellos respondieron unicornios, dragones, sirenas, la democracia, Los Reyes Magos, Superman, etc, etc, etc. Dice, que casi muere de risa cuando una participante gritó con mucha espontaneidad: <<El hubiera>> ¡Póngale diez!

Ese relato me sigue pareciendo gracioso, y no había reflexionado tanto el tema hasta hace unos días que escuché a un güero decir el hubiera sí existe…. Y, ¿para qué existe? Parece que escuchó el pensameinto de los que estábamos presentes escuchando, y respondió. Cito: ¡Para chin*#&!?+&#$*arnos cada día de nuestras vidas! Mi queridísisisisisisimo lector, le juro que la sabiduría me recorrió toda la piel. Como dicen por ahí, se me encueró el chino. Perdón, se me enchinó el cuero. Bueno, dado que sólo yo sé quién el dichoso güero y sus sofisticadas expresiones nos rebasan, trataré de plantear de manera diferente lo que me llegó de su discurso.


Recordé a mi amado Sören A. Kierkegaard; en el capítulo I del Libro I de su obra La Enfermedad Mortal, dice que hay tres formas de ver manifiesta la enfermedad mortal, es decir, la desesperación: <<la del desesperado que ignora poseer un yo (desesperación impropiamente tal), la del desesperado que no quiere ser sí mismo y la del desesperado que quiere ser sí mismo[1]>>.


¿Es que puede alguna finalidad para tener un enfermedad? Bueno, por lo general, la enfermedad es también un proceso de purificación; si sentimos fiebre, tenemos vómito u mucosidad, son formas del cuerpo para expulsar algo que no está haciendo daño. El punto más elevado de la desesperación es no-desesperar, tal como lo es la salud ante la enfermedad. Se dice fácil, pensarlo y hacerlo es la travesía. Como bien dice el autor danés, es una enfermedad mortal, es decir, es una enfermedad que muere con nuestra vida, es una enfermedad que se puede controlar pero no erradicar. Antes de la muerte, el hombre agoniza constantemente, agoniza cuando ha perdido toda esperanza, o cuando su última esperanza se ha vuelto la muerte.

<<Y cuando el peligro es tan grande que la muerte se convierte en esperanza, entonces, tenemos la desesperación como ausencia de todas las esperanzas, incluso la de poder morirse. […] Pues morir significa que todo ha terminado, pero morir la muerte significa que se vive el mismo morir; basta que se viva la muerte un solo muerte para que la viva eternamente[2]>>


Es mi parecer que todos pasamos momentos de condensadas decisiones, circunstancias que debilitan el criterio bajo el que solemos tomar decisiones. El suelo pierde su firmeza y ello nos lleva a necesitar más tiempo antes de dar un paso. No se sabe si se trata de un mareo o si en verdad el suelo se está moviendo. Uno no sabe de dónde sale tanta calamidad…de pronto viene la lluvia, la hora del tiro al blanco de Zeus, las ráfagas del enojado de Eolo, te toca tráfico, perdiste tu dinero, tus calcetines ya están mojados y fríos...No lo digo literalmente. Me refiero a que varios sucesos se juntan bajo la luz del reflector. Momentos que parecen orillarnos y presionarnos a responder con actos que están ahogados ya en debilidad.