• Luis Ernesto González

#FugasLiterarias Bicentenario de una poesía subversiva

Querido amigo, ansioso estoy de darle la bienvenida a otra Fuga. En esta ocasión, trataré de presentarle a un hombre singular, cuyas composiciones literarias se colocaron como obras innovadoras, trayendo a la literatura una faceta que podemos asegurar, sin reparos, marcó gran parte el siglo XIX, y de una manera tan radical que, hasta hoy en día, son bases para muchos escritores. Me refiero al padre de la poesía maldita, Charles Baudelaire (1821 – 1857). El pasado viernes 9 de abril, se celebró 200 años de su nacimiento, y a pesar del tiempo, su maldición y su subversión está todavía presente en las esferas literarias actuales. Hablemos hoy de algunas flores del mal.

Charles Baudelaire reformula la condición del poeta, el sentido mismo de la poesía, y toma una postura severa contra los valores y los ideales de la Ilustración, el cual es el proyecto por antonomasia para llevar a todo el ser Humano a un estadio de promesa, superación y progreso. Pero, amigo, ¿qué es en sí la Ilustración? El proyecto de la Ilustración, que duró todo el siglo XVIII, fue un movimiento político, artístico y filosófico, que intentó hacer del hombre un ser soberano de sí mismo a partir de la razón; y, por ende, su contrincante en el discurso, sería la religión. Amigo mío, el propio Immanuel Kant (1724 – 1804), figura de alta eminencia en las academias filosóficas, se refirió de esta forma al proyecto ilustrado:

“¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento!: Éste es el lema de la ilustración. (…) ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Tengo un libro que piensa por mí, un director espiritual que suple mi conciencia moral, (…). Para esta Ilustración se requiere únicamente la libertad; y la libertad más inofensiva de cuantas llevan ese nombre, a saber, la libertad de hacer siempre uso público de la razón en todos los asuntos.” [1]




Es decir, con Kant se puede deslumbrar el entusiasmo de los filósofos y los intelectuales de la época. Un momento en la historia de la humanidad donde se pueda conseguir la independencia de todo aquello que lo había sujetado, condenándolo siempre a una servidumbre espiritual. Y con el fin de conquistar la soberanía de su propia vida, se es necesario hacer uso de la libertad, y a su vez, la libertad de hacer uso público de ella y de la razón. Bajo las palabras de mi tocayo, Ernest Cassirer, al respecto de otro filósofo de la Ilustración, Voltaire:


“Está convencido de que basta con mostrar en su verdadera forma la idea de la libertad a los hombres para que se despierten y tensen en ellos todas las fuerzas necesarias para su realización. (…) Con la conquista y aseguramiento de una auténtica libertad de pensamiento está resuelto todo.[2]


Persiste, entonces, la creencia de que sería la libertad quien llevaría a la raza humana a un verdadero progreso, en el sentido de verdadera realización; una tierra prometida desde el nacimiento mismo del ser humano, forzada por la misma Naturaleza, un plan cuyo fin sería la conquista de un gobierno civil, promoviendo las libertades y el derecho a todos los ciudadanos. El propio Kant veía la gran posibilidad de idear ya una historia universal, asegurando su momento de mayor cumbre. Lo narra así en su Idea para una Historia Universal en clave Cosmopolita:


“Así, en una sociedad en la que la libertad bajo leyes externas se encuentre vinculada en el mayor grado posible con un poder irresistible, esto es, una constitución civil perfectamente justa, tiene que ser la tarea más alta de la Naturaleza para con la especie humana, (…). Esta necesidad que constriñe al hombre a ingresar en ese estado de coerción, es en verdad la mejor de todas, esta es, (…) cuyas inclinaciones hacen que no puedan coexistir durante mucho tiempo en salvaje libertad.” [3]



Es así cómo el espíritu del siglo de las Luces se puede resumir en la creencia de un futuro mejor, que la libertad nos llevaría a una realización donde la justicia y el bienestar de los ciudadanos se conformen en un estado civil, garantizando la felicidad y el bienestar de todos los ciudadanos. Además, Kant mantiene esa fe ciega, fe a que es natural de la especie humana organizarse en un solo cuerpo, el cuerpo de un estado y, ésta a su vez, en una constitución. En resumen, la Ilustración fue un proyecto que esperaba construir una forma de gobierno, donde la libertad y el uso de la razón permitiera desarrollar todos los ámbitos, disciplinas y dimensiones del ser humano. Se vivía una auténtica esperanza de un mundo mejor. No obstante, también el proyecto de la Ilustración tenía una dimensión cultural y artístico. De nuevo, mi amigo, mi tocayo Ernest Cassirer nos ayuda a describir cómo el espíritu de la época, el de la Ilustración, pudo alcanzar todo ámbito posible:

“La multiplicidad y variedad de los ámbitos que se mueve [la Ilustración] significan tan sólo el despliegue y el desarrollo completos de una fuerza por esencia homogénea y unitariamente informadora. Cuando el siglo XVIII quiere designar esta fuerza, cuando pretende condensar su esencia en una sola palabra, apela al sustantivo razón. (…) Entiende que no se ha logrado un verdadero saber ‘filosófico’ hasta que el pensamiento no alcanza (…) expandir la luz de esta certeza sobre todos los seres y saberes derivados.” [4]


Esta fuerza, la de la razón, es la que mueve y alcanza para unificar en un solo cuerpo a todas las disciplinas. Pero, mi amigo, para los arquitectos de la Ilustración, la razón no es el compendio de todo un enlistado de conocimientos, como hoy algunos podrían concebirla. La razón no se define para los constructores de este magno proyecto como posesión alguna que se adquiere y ya; es más complicado que eso:


“No es la tesorería del espíritu en la que se guarda la verdad como moneda acuñada, sino más bien la fuerza espiritual radical que nos conduce al descubrimiento de la verdad y a su determinación y garantía. (…) La finalidad esencial que se impone a sí misma la cultura del siglo XVII consiste en la defensa y el fortalecimiento de esta forma de pensamiento, en esto reside su misión más importante y no en la pura adquisición y ampliación de determinados conocimientos positivos.” [5]


La razón, palabra clave y máxima para la definición de todo ese siglo, se trata más bien en la acción y en un constante hacer, más que en la posesión, la cual nos trasmite a un estado inmóvil. La Ilustración se entiende con el fin de hacer realizar a la especie Humana, dar avance a la libertad y a los derechos, dejar atrás las supersticiones que sólo hacen de la Humanidad un ser inmóvil. En otras palabras, todo este proyecto se concentra con el ávido deseo de poder constatar el progreso, el avance y el desarrollo de los ciudadanos y de los propios estados. Este avance, este progreso, tiene como conductor a la razón, y la razón es la fuerza, es decir, el motor que dirige al ser Humano hacia la Verdad misma. Oh, así es mi amigo, ese añorado concepto que hace permanecer en desvelo a todo hombre torturado por poder encontrar en su existencia la respuestas a todo. La Verdad es el estadio por excelencia, el jardín del Edén donde podremos encontrar la felicidad, el gozo, el sentido de la vida; o, como vimos que Kant decía, el fin de la historia de la Humanidad, otorgada por la Naturaleza. El ser Humano está destinado a Ella, y quién nos dirigirá hacia tan añorado y esperanzado encuentro, sería la razón misma. Por ende, es necesario proseguir con cautela, siempre pegado con el orden racional; y, de hecho, es justamente por ello que todas las disciplinas, ámbitos, ciencias, y artes conocidas y propias de la especia Humana, deben seguir dicho orden. De nuevo, mi tocayo Cassirer lo describe de mejor manera la urgencia de unificar todas las áreas humanas a la racionalidad:


“El siglo XVIII debe su interna firmeza y coherencia a la consecuencia y rigor con que ha mantenido esta exigencia de unidad extendiéndola a todos los dominios del espíritu y de la vida e impuesta no sólo en la ciencia, sino también en la religión, en la política y en la literatura. La máxima que gobierna la época es Un roi, une loi, une foi. (…) No es posible el orden racional y el dominio racional de lo dado sin su rigurosa unificación. ‘Conocer’ una multiplicidad consiste en colocar sus miembros en una tal relación recíproca que, partiendo de un determinado punto, podamos proseguir según una regla constante y universal.” [6]


Es de esta forma en cómo Cassirer explica la necesidad de una unión entre las artes, las ciencias y la política, con el fin de hacer realidad el sueño de Kant que se resume en la conquista de la libertad, en la posibilidad de gozar de derechos, y en la construcción de vivir bajo una constitución civil; todo esto, a su vez, con la finalidad de hacer alcanzable la realización última del ser Humano. Además, recordemos amigo, que esto no era únicamente un sueño, sino, que también estaba asegurado, parecido más a un dogma de fe. Y esto se justifica, por lo menos para ellos, para los ilustrados, en que todas las disciplinas se están guiando conforme a un orden racional. En pocas palabras, si la Humanidad se seguía por el orden otorgada por la razón, la felicidad de cada ciudadano estaba asegurado, pues, poseía todos los grandes bienes que podría poseer el alma humana. En verdad, amigo mío, persistía por todo ese siglo una fe ciega de que la razón, nos llevaría a la Verdad, a conquistar el gozo de la Libertad, y que felizmente seríamos parte de una entidad más suprema y deseable, el de una sociedad.

Ahora, mi amigo, usted se estará preguntando sobre dónde ha quedado la maldición y la subversión literaria, título de esta Fuga. Y también se estará preguntando sobre el poeta Baudelaire. Disculpe si lo he llenado de los ensueños imposibles de los hombres de la Ilustración, pero es necesario conocer al contrincante antes, si quiera, de pretender hablar de nuestros protagonistas; pues, mi muy querido amigo, el antagonista es el reflejo retorcido de nuestros grandes héroes, o, en este caso, de nuestros malditos y subversivos poetas. Ahora que, para esta ocasión, los valores de nuestro poeta son, en realidad, los vicios y las corroídas ideas del gran proyecto de la Ilustración.

Sobre esto anterior, es importante recalcarlo claramente, Baudelaire ha construido su poética y su estética, en gran parte, gracias a los ideales de la Ilustración, pues, es cierto que el resultado de unificar las artes al orden de la razón, como lo dijo mi tocayo Cassirer, hizo que la poesía se viera comprometida hacia una ética, en tanto orientar las emociones y la intimidad del alma hacia los dictámenes de aquella fuerza conductora con la verdad, la cual es la razón misma. Por tanto, y como recoge bien Marcel Raymond, en su libro De Baudelaire al Surrealismo:




“En adelante, la poesía tiende a convertirse en una ética o en no sé qué instrumento irregular de conocimiento metafísico. (…) Se ha establecido desde entonces, cada vez con más fuerza, sobre una concepción racional y positiva del universo y de la vida, y coacción sobre el espíritu humano, una indiferencia, una especie de indiferencia respecto del inconsciente, se ha ejercitado cada día con más violencia. Porque ha separado al hombre del universo y de una parte de él mismo.” [7]









Es decir, desde el avance del espíritu ilustrado, la poesía se ha orientado hacia la racionalidad, apelando siempre por resoluciones que estén acorde a los ideales del progreso y al desarrollo de un sentido demostrativo, no sólo en el mundo, sino, también en la vida personal. La poesía se encuentra, gracias al espíritu de la época, desinteresada por aquello extraño y ajeno a la razón y a las vías de la demostración. Es así cómo el ser humano se encierra a sí mismo. La conexión con el mundo, consigo mismo, y con todo aquello que se encuentre más allá, ahora se ve desprendido e injuriado, llamándolos supersticiones, imaginaciones que tienen poco o nada valor para la especia Humana, pues, no se encuentran bajo la crítica de una razón.

Es desde ese momento, cuando la Ilustración condiciona la veracidad y la relevancia de las artes, cuando acontece algo en los poetas de finales del s. XVIII y principios del XIX, una verdadera intención de hacer de la poesía, de las artes, una operación vital del ser Humano. Es así cómo nace el espíritu del Romanticismo, un movimiento que alentó a las artes para formar parte de las actividades sublimes tanto del individuo como al nuevo Estado que, recordemos, fue la mayor aspiración de los filósofos ilustrados como Kant. No obstante, amigo, con el fin de salvar esta Fuga de hacerle un ensayo sin fin, pasaremos a describir la irrupción del Romanticismo con una descripción que Raymond nos ofrece:

“Así, mientras el escritor clásico [de la Ilustración], deseoso de conocer, confiaba en la introspección y transponía el resultado de sus observaciones al plano de la inteligencia discursiva, mientras el escritor romántico [perteneciente al Romanticismo, evidentemente], renunciando a un conocimiento que no fuera a la vez un sentimiento y un goce de sí mismo – y un sentimiento del universo, experimentado como una presencia –, encarga a su imaginación de componer el retrato metafórico, simbólico, de él mismo, en sus metamorfosis.” [8]


En estas características se pueden resumir la esencia del Romanticismo, pues, Raymond logra aprehender la lucha de todo escritor romántico: una lucha contra el orden de la razón al invalidar cualquier conocimiento que carezca de un Yo, de alguna emoción u afección que haga al cuerpo palidecer y, además, que conecte a los polos disonantes que son el individuo y el universo, este polo último en forma de presencia de corte casi metafísica, así como el papel de la imaginación a la hora de la creación literaria. El conflicto del Romanticismo contra la Ilustración es más que evidente, y es que, en gran parte, el reclamo que hacían los escritores románticos era la separación del hombre con el mundo, creando una jerarquía donde el ser Humano se alzaba en lo más elevado de las creaciones de la Naturaleza, y, a su vez, negando cualquier posibilidad de conocimiento efectivo y positivo que no estuviera regulada por la razón. Es, entonces, que una primera rebeldía literaria sería perteneciente al espíritu romántico que prevaleció durante la primera mitad del s. XIX. Esa rebeldía dejó en sus luchas la idea de que la poesía lograría desprender el alma humana de las cadenas de la lógica y la razón, así como de los incompletos datos de la existencia expuestos por la vía de la demostración empírica; los rebeldes literarios concibieron a la poesía como la vía para poder entrar o a un estado natural, anterior a todo contrato social o al desprendimiento del alma para experimentar el Absoluto.


Es ahí cuando entramos a la poesía de Baudelaire. El arte poético de quien es el autor maldito por excelencia. No obstante, por temor a que se expanda aún más la Fuga, sólo se abordará dos poemas en verso y una en prosa.

La obra más reconocida y con mayor legado para la literatura de Baudelaire es, sin lugar a duda, su poemario titulado Fleurs du Mal (Flores del Mal), publicado en 1857; y ya desde el título se puede encerrar una de las características de la poesía, la cual, es hacer poesía desde las zonas más escandalosas e inmorales, a ojos de una sociedad ordenada desde la razón ilustrada. Las flores, en tanto poetizar el mal, se traduce en Baudelaire como expresar la angustia y la posición del alma humana a través de las palabras que representan las zonas más ocultas tanto por la sociedad como por el propio individuo. El mundo deja de expresar una presencia divina, capaz de unificar al poeta con el mundo y los secretos que están más allá de alguna dimensión cognoscible sólo por la lógica y las formas puras de la ciencia; ahora, el mundo expresa, sí, una belleza pura, pero también muestra el terror de la angustia y la necesidad del pecado para poder subsistir en ella. Ejemplo de esto es el poema “Semper eadem”, que en latín significa “Siempre lo mismo”:


" D'où vous vient, disiez-vous, cette tristesse étrange, Montant comme la mer sur le roc noir et nu ? " - Quand notre cœur a fait une fois sa vendange, Vivre est un mal. C'est un secret de tous connu,

Une douleur très simple et non mystérieuse, Et, comme votre joie, éclatante pour tous. Cessez donc de chercher, ô belle curieuse ! Et, bien que votre voix soit douce, taisez-vous !

Taisez-vous, ignorante ! âme toujours ravie ! Bouche au rire enfantin ! Plus encor que la Vie, La Mort nous tient souvent par des liens subtils.

Laissez, laissez mon cœur s'enivrer d'un mensonge, Plonger dans vos beaux yeux comme dans un beau songe, Et sommeiller longtemps à l'ombre de vos cils ! [9]

“¿De dónde viene, decías, esta tristeza extraña Montada como el mar sobre la roca negra y desnuda?” - Cuando nuestro corazón hizo su vendimia, Vivir es un mal. Es un secreto sabido por todos.

Un dolor muy simple y nada misteriosa, Y, como su alegría, radiante para todos. ¡Deje entonces de buscar, bella curiosidad! Y aunque su voz sea dulce, ¡cállese!

¡Cállese, ignorante! ¡Alma siempre encantada! ¡Boca de risas infantiles! Más que la Vida, La Muerte en lazos sutiles nos ata seguidamente.

Deje, deje que mi corazón se embriague de una mentira, Clavarse en sus ojos bellos como en un bello sueño, ¡Y dormir mucho tiempo a la sombre de sus pestañas!

Este poema posee claramente semejanzas con el Romanticismo, pero, ya no persiste una verdad dentro del mundo que exalte al espíritu del poeta; todo lo contrario, si persiste una verdad, es que el mal y el dolor y la muerte son los maestros o dueños de la vida. La única razón para poder sobrellevar la triste verdad, es bajo la embriaguez y bajo la mentira. La ebriedad y la mentira, es la contraposición de los valores de la Ilustración, la sobriedad (como el dote dado por la racionalidad) y la verdad. Por ende, los conceptos filosóficos del siglo de las luces se ven ahora abandonadas, y la poesía de Baudelaire se transforma en una literatura de rebelión, en lucha contra el progreso y la fe de la realización del ser Humano.

Otro poema de importancia, con el fin de entrever la rebeldía literaria de Baudelaire, es el poema “L’idéal”, que en francés significa “El Ideal”. En dicho poema, se expone la opinión y también la sensación que le provocaba los conceptos y las ideas de los siglos anteriores, donde claramente, no se inscribe a los grandes proyectos artísticos, políticos y sociales del Siglo de las Luces. A continuación, para que lo vea usted, mi amigo, le presento el poema:


Ce ne seront jamais ces beautés de vignettes, Produits avariés, nés d'un siècle vaurien, Ces pieds à brodequins, ces doigts à castagnettes, Qui sauront satisfaire un cœur comme le mien.

Je laisse à Gavarni, poète des chloroses, Son troupeau gazouillant de beautés d'hôpital, Car je ne puis trouver parmi ces pâles roses Une fleur qui ressemble à mon rouge idéal.

Ce qu'il faut à ce cœur profond comme un abîme, C'est vous, Lady Macbeth, âme puissante au crime, Rêve d'Eschyle éclos au climat des autans,

Ou bien toi, grande Nuit, fille de Michel-Ange, Qui tors paisiblement dans une pose étrange Tes appas façonnés aux bouches des Titans. [10]

Jamás serán esas nobles ilustraciones, Averiados productos nacidos de un ruin siglo, De pies en botas, de dedos en castañuelas, Quienes sabrán satisfacer un corazón como el mío.

Dejo en Gavarni, poeta de los clorosis, Su balbuceante rebaño de bellezas de hospital Porque no puedo encontrar entre estas pálidas rosas Una flor que posea mi rojo ideal.

Hace falta en este corazón profundo cual abismo A usted, Lady Macbeth, alma poderosa en el crimen, Tú, sueño de Esquilo, que ábregos vientos eclosionas,

O bien tú, gran Noche, hija de Miguel Ángel, Que torcido apaciblemente en extranjera pose, tus encantos forjados en las bocas de Titanes.


En ese poema, capta su indiferencia y el desagrado hacia las altas ideas concebidas por un siglo que, para Baudelaire, fue uno desagradable, vil y completamente despreciable. Un siglo incapaz de encontrar en él algo que pueda el corazón del poeta apreciar, porque para Baudelaire la belleza no es algo que haga bien al propio poeta; ya no es objeto de persecución por parte de los escritores románticos, pues, ahora la belleza no tiene relación alguna con una verdad accesible para el ser Humano. Con Baudelaire, comienza una comprensión del arte poético que no tiene intención de revelar el gran secreto de alguna convicción metafísica, y cuyo fin sea la unificación del individuo con el cuerpo moderno del que ahora es bautizado como Estado. No. La poesía se formula en la rebeldía, acepta la ignorancia y no busca un conocimiento, sino, la experiencia casi mística de poder deslumbrar a la propia belleza desnuda, una posible conquista sobre un terreno incognoscible; y, hasta cierto punto, sigue siendo así la poesía, pues, el objetivo de escribir poemas es conquistar nuevos terrenos del lenguaje y de la mente y del alma. Si se gusta, jugar al profeta, pero esta vez, no hablaremos por parte de Dios, sino, hablaremos jugando y burlándonos de la razón instrumental y la lógica, tratando de expresar todo lo relacionado a la dimensión de la Belleza. Así pues, sabiendo que hablaremos para despertar al alma y que vaya al viaje de lo inefable, de la Belleza. Ahora, bien., ¿qué es la Belleza? Pregunta difícil, mi amigo, pero creo yo que, a modo de concluir, podemos representar una sección de un poema en prosa del propio Baudelaire, titulado “Le Confiteor de l’Artiste”, que en francés significa, “La Confesión del Artista”:


(…)

Toutefois, ces pensées, qu’elles sortent de moi ou s’élancent des choses, deviennent bientôt trop intenses. L’énergie dans la volupté crée un malaise et une souffrance positive. Mes nerfs trop tendus ne donnent plus que des vibrations criardes et douloureuses.

Et maintenant la profondeur du ciel me consterne ; sa limpidité m’exaspère. L’insensibilité de la mer, l’immuabilité du spectacle, me révoltent… Ah ! faut-il éternellement souffrir, ou fuir éternellement le beau ? Nature, enchanteresse sans pitié, rivale toujours victorieuse, laisse-moi ! Cesse de tenter mes désirs et mon orgueil ! L’étude du beau est un duel où l’artiste crie de frayeur avant d’être vaincu. [11]

(...)

Sin embargo, estas reflexiones, tanto si surge de mí como si emanan de las cosas, al punto se tornan demasiado intensas. La energía nacida de la voluptuosidad causa una desazón y un sufrimiento reales, y mis nervios, sometidos a tal tensión, ya sólo me producen vibraciones agudas, lancinantes.

Y ahora la profundidad del cielo me consterna; su limpidez me exaspera. La insensibilidad del mar, la inmutable quietud del espectáculo, me sublevan… ¡Ay! ¿Estoy pues condenado a sufrir eternamente, o a huir a perpetuidad de lo bello? Natura, hechicera despiadada, rival siempre victoriosa, ¡aléjate de mí! ¡Deja de tentar a mis deseos y a mi orgullo! La contemplación de la belleza es un duelo en que el artista grita de espanto antes de caer derrotado. [12]


Entonces, lo bello es lo tortuoso. Ese sentimiento abrupto que despierta tanto al pensamiento como la imaginación, y que aturde las sensaciones del cuerpo, dejándonos ciegos, mudos y sordos; pero, dejando a nuestro espíritu hechizado y atrapado. No obstante, eso bello es también sublime y, por ende, ajeno a nuestra condición de miserable animal, causando la ansiedad de no ser suficiente, de ser ignorado y de ser incapaz de poder aprehender completamente a la Belleza misma. El artista es una persona constantemente derrotada, no frustrada, sino trastocado en su espíritu; y, paralelamente, se encuentra embelesada por la experiencia inefable de lo Bello que pone en crisis su naturaleza como mortal y ser limitado. La poesía, es el ensayo de llevar al límite el lenguaje, haciendo de ella una vía para poder acercar al alma a aquella zona inefable de la experiencia de estar viviendo en este mundo; un intento de expresar la palidez y el temblor de nuestra alma.


Estas son mis reflexiones, derivadas e inspiradas en la rebeldía literaria de este poeta maldito, al tratar Baudelaire de alejar a la poesía de la lucha moderna del progreso y de hacer ver una libertad precondicionada por los fantasmas morales de la sociedad y del Estado de la Ilustración y del Romanticismo. Es así el cómo Baudelaire, no sólo nos deja con la duda de sí el progreso, y la razón, son suficientes para la Humanidad en tanto individuos, sino, también nos lega la duda de si en realidad somos completamente libres. Una duda que podremos atender en otra Fuga, pues, ésta ya se extendió a límites muy extremos. Una disculpa de antemano, mi estimado amigo.

[1] Immanuel Kant. ¿Qué es la Ilustración? (México: UNAM, 2013) pp. 15; 18. [2] Ernest Cassirer. “La Forma de Pensamiento de la Época de la Ilustración” en Filosofía de la Ilustración, trad. Eugenio Ímaz (México: FCE, 2013) pp. 280. [3] Immanuel Kant, Idea para una historia universal en clave cosmopolita (México: CFE, 2006) pp. 45 – 46. [4] Ernest Cassirer, Óp. Cit. pp. 20 – 21. [5] Óp. Cit. pp. 28 – 30. [6] Óp. Cit. pp. 39. [7] Marcel Raymond. De Baudelaire al Surrealismo (México: FCE, 1983), pp. 9 – 10. [8] Óp. Cit. pp. 12. [9] Charles Baudelaire. Fleurs du Mal (Francia : Belin/Gallimard, 2018), pp. 69 [10] Óp. Cit., 42 – 43. [11] Charles Baudelaire, “XII. Le Confiteor de l’Artiste” de Le Spleen de Paris (Francia : GF Flammarion, 2017) pp. 41. [12] Trad. de Joaquín Negrón, Spleen de París. Pequeños Poemas en Prosa (España: Col. Visor de Poesía) pp. 11.

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