• Luis Ernesto González

#FugasLiterarias Bicentenario de una poesía subversiva

Querido amigo, ansioso estoy de darle la bienvenida a otra Fuga. En esta ocasión, trataré de presentarle a un hombre singular, cuyas composiciones literarias se colocaron como obras innovadoras, trayendo a la literatura una faceta que podemos asegurar, sin reparos, marcó gran parte el siglo XIX, y de una manera tan radical que, hasta hoy en día, son bases para muchos escritores. Me refiero al padre de la poesía maldita, Charles Baudelaire (1821 – 1857). El pasado viernes 9 de abril, se celebró 200 años de su nacimiento, y a pesar del tiempo, su maldición y su subversión está todavía presente en las esferas literarias actuales. Hablemos hoy de algunas flores del mal.

Charles Baudelaire reformula la condición del poeta, el sentido mismo de la poesía, y toma una postura severa contra los valores y los ideales de la Ilustración, el cual es el proyecto por antonomasia para llevar a todo el ser Humano a un estadio de promesa, superación y progreso. Pero, amigo, ¿qué es en sí la Ilustración? El proyecto de la Ilustración, que duró todo el siglo XVIII, fue un movimiento político, artístico y filosófico, que intentó hacer del hombre un ser soberano de sí mismo a partir de la razón; y, por ende, su contrincante en el discurso, sería la religión. Amigo mío, el propio Immanuel Kant (1724 – 1804), figura de alta eminencia en las academias filosóficas, se refirió de esta forma al proyecto ilustrado:

“¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento!: Éste es el lema de la ilustración. (…) ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Tengo un libro que piensa por mí, un director espiritual que suple mi conciencia moral, (…). Para esta Ilustración se requiere únicamente la libertad; y la libertad más inofensiva de cuantas llevan ese nombre, a saber, la libertad de hacer siempre uso público de la razón en todos los asuntos.” [1]




Es decir, con Kant se puede deslumbrar el entusiasmo de los filósofos y los intelectuales de la época. Un momento en la historia de la humanidad donde se pueda conseguir la independencia de todo aquello que lo había sujetado, condenándolo siempre a una servidumbre espiritual. Y con el fin de conquistar la soberanía de su propia vida, se es necesario hacer uso de la libertad, y a su vez, la libertad de hacer uso público de ella y de la razón. Bajo las palabras de mi tocayo, Ernest Cassirer, al respecto de otro filósofo de la Ilustración, Voltaire:


“Está convencido de que basta con mostrar en su verdadera forma la idea de la libertad a los hombres para que se despierten y tensen en ellos todas las fuerzas necesarias para su realización. (…) Con la conquista y aseguramiento de una auténtica libertad de pensamiento está resuelto todo.[2]


Persiste, entonces, la creencia de que sería la libertad quien llevaría a la raza humana a un verdadero progreso, en el sentido de verdadera realización; una tierra prometida desde el nacimiento mismo del ser humano, forzada por la misma Naturaleza, un plan cuyo fin sería la conquista de un gobierno civil, promoviendo las libertades y el derecho a todos los ciudadanos. El propio Kant veía la gran posibilidad de idear ya una historia universal, asegurando su momento de mayor cumbre. Lo narra así en su Idea para una Historia Universal en clave Cosmopolita:


“Así, en una sociedad en la que la libertad bajo leyes externas se encuentre vinculada en el mayor grado posible con un poder irresistible, esto es, una constitución civil perfectamente justa, tiene que ser la tarea más alta de la Naturaleza para con la especie humana, (…). Esta necesidad que constriñe al hombre a ingresar en ese estado de coerción, es en verdad la mejor de todas, esta es, (…) cuyas inclinaciones hacen que no puedan coexistir durante mucho tiempo en salvaje libertad.” [3]



Es así cómo el espíritu del siglo de las Luces se puede resumir en la creencia de un futuro mejor, que la libertad nos llevaría a una realización donde la justicia y el bienestar de los ciudadanos se conformen en un estado civil, garantizando la felicidad y el bienestar de todos los ciudadanos. Además, Kant mantiene esa fe ciega, fe a que es natural de la especie humana organizarse en un solo cuerpo, el cuerpo de un estado y, ésta a su vez, en una constitución. En resumen, la Ilustración fue un proyecto que esperaba construir una forma de gobierno, donde la libertad y el uso de la razón permitiera desarrollar todos los ámbitos, disciplinas y dimensiones del ser humano. Se vivía una auténtica esperanza de un mundo mejor. No obstante, también el proyecto de la Ilustración tenía una dimensión cultural y artístico. De nuevo, mi amigo, mi tocayo Ernest Cassirer nos ayuda a describir cómo el espíritu de la época, el de la Ilustración, pudo alcanzar todo ámbito posible: